Educar también es mirar cerca. La importancia de los referentes,  la comunidad y las experiencias reales en la infancia.

Hace unas semanas terminamos la primera edición de Klaketa, unas jornadas artísticas que nacieron casi sin darnos cuenta. Empezaron con una conversación, con muchas ganas de crear algo bonito para la infancia y con la idea de unir dos miradas que para mí tienen mucho sentido: el arte y el acompañamiento psicopedagógico.

Durante esos días pasaron cosas. Hubo un poquito de  teatro, música, percusión, conexión, movimiento, un cortometraje, risas, nervios, creatividad… Pero, cuando terminó todo, me di cuenta de que lo más importante no había sido ninguna de esas actividades.

Lo que más me hizo pensar fueron las personas.

A menudo buscamos referentes para nuestros hijos e hijas muy lejos. Admiramos a personas que aparecen en redes sociales, en la televisión o en internet. Y, sin embargo, a veces olvidamos mirar alrededor.

En nuestro pueblo, en nuestro barrio o en el valle donde vivimos hay personas que hacen cosas maravillosas. Personas que han encontrado una profesión que les apasiona. Personas que emprenden, crean, investigan, enseñan, cuidan, interpretan, construyen o inventan.

Y muchas veces los niños y niñas ni siquiera saben que existen.

Durante Klaketa tuvimos la suerte de compartir tiempo con una actriz, una percusionista, una maquilladora profesional y dos personas que han puesto en marcha una cooperativa en nuestro entorno. Lo bonito no fue únicamente lo que enseñaron. Fue ver cómo hablaban de su trabajo, cómo explicaban el camino que habían recorrido y cómo transmitían la ilusión con la que siguen haciendo lo que les gusta a estos cinco participantes.

Creo que escuchar esas historias deja huella. Especialmente en las niñas. 

Porque seguimos necesitando referentes femeninos diversos. Mujeres que muestren que existen muchas maneras de construir un proyecto de vida, que el arte también puede ser una profesión, que emprender es posible y que no hace falta irse muy lejos para encontrar ejemplos que nos inspiren.

Y no solo referentes femeninos. También hombres que construyen desde el cuidado, la creatividad y la cooperación. Personas que enseñan que el éxito no siempre tiene que ver con ser famoso, sino con disfrutar de aquello que haces y aportar algo a los demás.

Cada vez creo más en el kilómetro cero, también en educación.

No solo en los alimentos o en el consumo responsable.

También en los aprendizajes.

En las personas cercanas.

En los proyectos que nacen en el territorio.

En las redes que se tejen entre vecinos y vecinas.

Porque cuando una niña descubre que esa percusionista vive a pocos kilómetros de su casa, o que esa actriz ensaya en el pueblo, o que esa maquilladora ha trabajado en una película, algo cambia.

De repente, esos sueños dejan de parecer imposibles.

También me llevo otra idea.

Con frecuencia llenamos el tiempo de la infancia de actividades, pero quizá lo que más necesitan son experiencias auténticas.

Espacios donde puedan crear con calma, equivocarse, hacer preguntas, colaborar, imaginar y sentir que lo que hacen tiene sentido.

No hace falta que todo sea espectacular.

Hace falta que sea verdadero.

Que haya personas dispuestas a compartir lo que saben.

Que haya tiempo para conversar.

Que haya naturaleza, juego, arte y comunidad.

Al terminar Klaketa me quedé con una sensación muy sencilla.

Quizá educar también consista en ayudar a que los niños y niñas descubran que las oportunidades no siempre están lejos.

A veces empiezan al cruzar la calle. 

Al llamar a la puerta de un vecino.

O al descubrir que, muy cerca de casa, hay personas capaces de inspirar un futuro que todavía no habían imaginado.

Y esa, quizá, sea una de las semillas más bonitas que podemos plantar.

Semilla Blanca
Semilla BlancaPsicopedagoga
Publicado · Actualizado · Lectura: 3 min

Soy Beatriz Ibáñez Olabarria, psicopedagoga con más de 20 años de trayectoria acompañando a niños, niñas, adolescentes, familias y profesionales en la comprensión de las Altas Capacidades, la diversidad familiar y el bienestar socioemocional.

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